El proceso de disolución de la orden

En verano de 1305, medicine el occitano Esquin de Floriau, expulsado de la Orden cuatro años atrás y encarcelado por varios crímenes, compareció en Lleida para entrevistarse con el rey Jaime II y exponerle una serie de denuncias y acusaciones contra la Orden. Ante la indiferencia del monarca catalán, Esquin partió hacia Francia para exponer lo mismo al rey Felipe IV, que le prestó una especial atención.

Hacía años que el monarca francés intentaba anexionar la Orden a sus intereses particulares, pero sus intentos fracasaron. A raíz de estas acusaciones, Felipe IV inició una campaña de desacreditación contra la Orden, contando con la complicidad del papa Clemente IV. Su finalidad: la abolición de la Orden y la anexión de sus bienes.

Se inicia, pues, un proceso bien conocido de encarcelamiento e interrogatorios a los frailes templarios de toda Europa. La Corona de Aragón no quedaría exenta de ello, y rápidamente se inició el proceso de encarcelamiento e interrogatorio de los frailes en diferentes encomiendas. Los únicos centros que ofrecieron resistencia fueron, precisamente, Monzón, Miravet y Castellote, verdaderas fortalezas. En una segunda fase del proceso, se interrogó, bajo tortura, a un número importante de frailes.

A pesar de que los templarios de la Corona fueron exculpados, en 1312, el papa Clemente V emitió una bula Vox in Excelso por la que se abolía definitivamente la Orden y, en la Corona, sus bienes muebles serían repartidos y los inmuebles pasarían fundamentalmente a manos de los hospitalarios. Los antiguos frailes ahora quedaban bajo su custodia, recibiendo una compensación en forma de pensión.