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Todos los sillares del castillo estaban decorados con pintura roja, símbolo de la sangre; blanca, símbolo de pureza, y negra, que representaba el esfuerzo. Estos colores también los utilizaban a la hora de vestirse. Los templarios guerreros nobles iban de blanco; los sargentos (de clase social más baja, encargados de las armas y los oficios), de negro, y todos llevaban una cruz roja en la capa, cerca del corazón.
Alrededor de la iglesia, y a la misma altura, encontramos 7 cruces grabadas en la piedra, seguramente para consagrar el espacio. El 7 era un número simbólico para los templarios.
Un hecho que se puede destacar es que en 1460 el príncipe de Viana estuvo encarcelado en el castillo de Miravet. Al príncipe se le llevó preso de castillo en castillo desde Lleida hasta Morella.
Cuenta una leyenda que cada 28 de diciembre, a las doce de la noche, sale el fantasma del maestre de los caballeros y que, mientras recorre la fortaleza, convoca al resto de caballeros para continuar conquistando y, al no encontrar a nadie, vuelve decepcionado a su tumba hasta el año siguiente. Y así cada año.
Otra leyenda dice que desde el castillo sale un túnel o pasadizo secreto que comunica con el río, y que los templarios lo utilizaban en caso de ataque o durante el asedio que sufrieron, y que duró un año, hasta que decidieron rendirse.
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