DOMVS TEMPLI
   
 
 
 









 



 



 



 




 

El hecho de constituir un complejo templario alzado de nueva planta que todavía mantiene intactos los principales edificios del siglo XII lo convierte en un testimonio excepcional de la arquitectura templaria en la Corona de Aragón. Su estructura presenta fórmulas innovadoras en el contexto del momento y se inspiró, básicamente, en modelos de la arquitectura occitana del siglo XII. Este conjunto todavía conserva parte del perímetro de murallas, la torre-habitación o torre donjon de dos plantas con diversas dependencias (almacenes y espacios de habitación de la comunidad), una torre del homenaje adosada, que acogía las dependencias nobles de la Casa, y la iglesia conventual, un edificio singular erigido en honor a santa María que conserva en el interior uno de los pocos testimonios en Europa de pintura mural en edificios templarios.


EL RECINTO AMURALLADO
A pesar de que no es muy habitual poder asociar Gardeny al término castrum, o castillo, en la documentación feudal, cuando en 1163 los templarios hicieron donación a Pere Aimeric, su madre Peronella y sus hermanos de una vineam et terram que est subtus Garden, el documento especifica su ubicación in termino eiusdem castri, ex parte Ylerde.

Uno de los rasgos específicos del conjunto de Gardeny es que, a diferencia de otros castillos que fueron aprovechados y reformados por los templarios (Monzón, Barberà...), la obra de Gardeny parece que constituiría una construcción templaria de nueva planta. Por tanto, se convirtió en un ejemplo excepcional a la hora de ilustrar los diferentes estadios en la tipología de la castillología templaria. Así, el conjunto templario de Gardeny respondería a un tipo de castillo convento que, como en el caso de Monzón, correspondería a una evolución del tipo irregular disperso —según la clasificación de Lampérez. Dentro de esta tipología de castillo, por otra parte bastante común en nuestro territorio, varios autores han destacado como el plan arquitectónico que rigió este conjunto de nueva planta se inspiró en los modelos de la arquitectura castelar occitana del siglo XII: castillo con donjon cuadrangular que comprende la torre del homenaje y la casa-habitación de varios pisos, al cual se fueron adosando construcciones de otros servicios, como la iglesia, las caballerizas, los almacenes... Todos distribuidos, seguramente, alrededor de un patio central, y todo ello rodeado de murallas flanqueadas por torres.

En Gardeny, la antigua fisonomía de fortaleza quedó enmascarada a raíz de las grandes reformas realizadas entre los siglos XVII y XVIII, que afectarían especialmente al perímetro de murallas. En este sentido, para conocer cómo podría haber sido la antigua fortaleza templaria de Gardeny antes del siglo XVII, nos tendremos que remitir a menudo a los ejemplos anteriores, que todavía conservan su estructura de murallas más o menos íntegra.

Lo primero que llama la atención al analizar estos otros castillos-convento templarios es su disposición en un doble recinto amurallado situado a una cota distinta. En todos los casos, se distingue claramente un recinto yusero, situado a un nivel más bajo y que incluiría diversos edificios de servicios, como bodegas, caballerizas o cisternas (como en Miravet o Monzón), y el recinto superior, situado en una cota más alta y que estaría constituido por elementos articulados alrededor de un patio central y que definen el espacio conventual propiamente dicho, como serían la capilla o iglesia, la casa-habitación, la torre del homenaje, etc
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LA TORRE-HABITACIÓN
Uno de los principales edificios del conjunto conventual de Gardeny es la torre-habitación, una gran construcción de dos plantas que las fuentes califican de castillo. A pesar de que la función de cada uno de los ámbitos que conforman este edificio varió sustancialmente a lo largo de los siglos, el papel básico de cada una de las plantas se mantuvo más o menos inalterable. Por una parte, parece bastante evidente que la nave de la segunda planta tenía una función básicamente residencial. En cambio, la planta baja funcionaba como espacio de almacenaje.

Joan Fuguet ha asociado este modelo de construcción al modelo de donjon existente por aquel entonces en el área meridional de Francia: una torre residencial de construcción vertical formada por varias plantas y con elementos característicos, como el acceso situado en la segunda planta. No obstante, hemos de tener en cuenta que esta torre donjon tendría como elemento singular una torre adosada al cuerpo principal del edificio, que cumpliría la función de torre del homenaje. De hecho, esta torre adosada queda minimizada a un simple volumen adosado al edificio principal, como en el caso de Miravet. De algún modo, la integración de estos dos elementos en un único edificio confirmaría la hipótesis que Gardeny constituye, de hecho, una muestra primeriza de un orden arquitectónico que, a pesar del carácter irregular y disperso de la distribución de sus edificios, en el caso de la torre-habitación tiende a comprimir el espacio, integrando en un mismo edificio varios cuerpos, como el espacio residencial o casa, el espacio noble o la torre y el espacio de almacenaje o bodega. De algún modo, esta torre-habitación marca el preludio de un modelo más compacto de articulación de los distintos ámbitos, con claros testimonios, como los castillos de Miravet y Peñíscola.



LA IGLESIA DE SANTA MARIA DE GARDENY
La primera referencia documental de la iglesia de Santa Maria de Gardeny data del año 1156, cuando Guillem de Ponts y su mujer Estefania otorgarían varios bienes a Gardeny para remedio de sus almas y de su hijo, qui apud Gardenum in ecclesia predictorum militum sepultus est. En julio del año 1158, Bernat de Anglesola dio al Temple in eclesia Sancte Marie de Garden varios bienes situados en El Palau d’Anglesola que habían sido del alodio de Ramon Barrufell. En 1173, Berenguera, viuda de Guillem de Cervera, Berenguer de Boixadors, Arnau de Timor e Iteri jurarían supra sanctum altare Sancta María de Gardenio las últimas voluntades de Guillem de Cervera.

Hacia el siglo XIII, la iglesia de Santa Maria de Gardeny se convirtió en un centro religioso de primer orden. Por una parte, los frailes consiguieron captar la devoción de muchos fieles que veneraban la imagen de la Virgen de Gardeny que presidía el altar mayor de la iglesia. Fueron tantas las mandas de muchos de estos fieles que, como beneficiarios de la Orden, dejaban rentas en dinero y en especie para que ardiesen lámparas o candelas en este altar que la casa creó una institución religiosa llamada Lampada Charitatis, que se encargaba de gestionar estas fundaciones.

Por otra parte, la iglesia se dotaría de nuevos beneficios que permitirían la creación de nuevas capellanías. En 1161, el conde Ermengol VII d’Urgell dotó a la Casa de Gardeny con cien sueldos anuales de las rentas de las tiendas de los sarracenos de Lleida para que un presbítero pudiese rezar por el alma de Berenguer d’Anglesola y por todos sus fieles difuntos. Las primeras referencias que tenemos de la habilitación de nuevas capillas en la iglesia de Santa Maria de Gardeny no aparecen hasta mediados del siglo XIII. Como informa Joan Ramon Piqué, en un documento de 1388 en el que se reconocen las capillas instituidas antes del privilegio de Jaime I para poder fundar capillas (1267) aparece mencionada la capilla de san Salvador “en la iglesia de Gardeny per en Pare San [Innocenci IV] instituïda l’any mill CC XLVII”, constituida como priorato. En una fecha situada entre los años 1267 y 1315, la familia Moliner (señores de Granadella y ciudadanos de Lleida) instituiría la capellanía de santa Ana en la iglesia de Santa Maria de Gardeny: quod nos Guillemus Molinerii, dominus Granatelle, et Bremundus Molinerii et fratres, cives Ilerdensis, patroni capellanie quam constituit Guillemus Molinerii, quondam, avuus noster in ecclesia Sancte Marie domus Gardenii.

Según A. J. Forey, a finales del siglo XIII, además del cura de la iglesia de Gardeny, habría, entre clérigos y sacerdotes, más de una docena de religiosos seculares que, sin pertenecer a la orden, podían vivir en el convento. Una gran parte de este clero secular fue invitado por los frailes para atender los servicios requeridos por los numerosos beneficios.

Entre finales del siglo XIV y principios del XVII, en pleno dominio hospitalario, la documentación recoge los beneficios de las distintas capellanías de Gardeny, entre las cuales se mencionan, además de la de san Salvador, las de san Simeón y Judas, san Miguel, santa Ana, san Felipe, san Jaime y san Clemente. Pequeñas capellanías que, excepto la de san Salvador, que era la más importante, podían compartir una misma capilla.

La iglesia actual de Santa Maria de Gardeny constituye, según varios autores que la han estudiado, un ejemplo bastante interesante de arquitectura erigida por los templarios: la iglesia de Santa Maria de Gardeny —esta era su advocación— es un edificio singular, muy interesante, de la segunda mitad del siglo XII, de una sola nave de planta rectangular, cubierta con una bóveda de cañón apuntada que arranca de una imposta de moldura muy simple y con un ábside poligonal orientado hacia el este. Ante la importancia que toma este santuario templario, a mediados del siglo XIII se reforma con la construcción de un arco doblero y dos capillas laterales que conforman un espacio presbiteral a modo de pequeño crucero.



Las pinturas murales (primera mitad s. XIII)

En el sector meridional del presbiterio se han encontrado fragmentos de pintura mural. De hecho, en 1987, en una campaña de restauración llevada a cabo por los servicios de la Generalitat de Catalunya, se dejó al descubierto un importante conjunto de pintura mural que decoraría la capilla de San Salvador y una parte del muro lateral, entre la capilla y el arco doblero. Según Joan Fuguet, “el hallazgo, a pesar del grave estado de conservación y del hecho de limitarse a un fragmento, representó un acontecimiento en el contexto de la pintura catalana del XIII, a causa de los pocos ejemplares que se conservan. Pero el hallazgo pasó a ser mucho más importante en el contexto del arte de los templarios, ya que, junto con los de Puig-reig, son los únicos ejemplares de pintura conocidos en Cataluña y uno de los pocos dentro del ámbito de los templarios europeos”.

Los restos de las pinturas corresponden a tres fragmentos concentrados en una misma zona: dos pertenecen a la capilla (un trozo de muro en pie y un trozo de la bóveda que continúa el fragmento anterior) y el tercero pertenece a la pintura que decoraba la nave, entre la capilla y el arco fajón. Uno de estos fragmentos está formado por dos registros horizontales historiados, a cuya izquierda se adivina el inicio de una mandorla. El plano iconográfico de este fragmento resulta bastante claro: un primero formado por seis figuras con cabeza nimbada y un libro en las manos, que llevan una gran aureola blanca, y otro con seis figuras que tenían que ser los elegidos de una representación del juicio final, sin aureola y con las manos juntas en actitud beatífica mirando hacia la mandorla, donde suponemos que habría una representación del pantocrátor. Según Joan Fuguet, “curiosamente, en las pinturas de la capilla templaria de san Bevignate de Perusa hay un juicio final con una iconografía muy parecida, en el que los elegidos son prácticamente iguales”.

En lo referente al contexto cronológico de estos fragmentos murales, los diversos autores que han estudiado el conjunto iconográfico de la nave coinciden en datar los restos pictóricos hacia el siglo XIII, en una cronología que coincide con la fundación de la capilla de San Salvador.